Liberation

at last, my dear, those days are over – once and for all
I have cast off the suffocating chains,
extinguished the flames that greedily consumed
our very essence

oh, I wanted to be the fuel to your fire,
the means to your end;
so lovestruck, awestruck, dumbstruck
I let you turn me into smoke, into fume

but as I watched your embers and ambitions grow,
I grew short of breath
and flying too high to meet your skyrocketing demands
I plunged into ruin

but in the very nick of time,
gasping for air,
I eloped, escaped, evaporated

for they call me wind
and residing here, there and neverwhere,
I am nobodies’ to keep

Melting into thin, refreshing, crisp air,
at last, I am free

twenty centimetres

twenty centimetres off the ground my soul floats
like a panther wandering through a strange habitat
looking desperately for a territory to call home
it sways and falters, calling out in vain for its specimen

twenty centimetres separate your world from mine
an insurmountable distance to cover
when you’re on the other side of the looking glass
and the only traces left are fingerprints on cold metal

but twenty centimetres from here our hearts will meet
and cover the distance between us
for twenty centimetres are bridgeable
when our fingers and fates are intertwined

A letter never sent

Some days are a little harder than others.

Today I found a collection of brochures your parents gave me to remember our holiday in Sweden.
Oh boy, I should be angry at you. I think that would be the normal, the healthy reaction. But I am not having that reaction, somehow.
Because when I remember you, I remember the good things. You might be surprised to know that your smiles tend to come up quite often. Hugs, sometimes, too, as well as the times you cried because you were so happy to be with me.
I don’t think you had any idea back then just of how happy I was to see you happy.
These memories glisten like stars in the night sky of my mind, making the darkness there seem a little less daunting. Despite the changed circumstances, they still radiate their dazzling, golden light. A little too bright, don’t you think?
Oh God, I still love you.

But you know as well as I that I cannot tell you that. Not again. My heart is broken enough as it is.
And you know that if you came back, I would reject you to protect myself.
So I write these letters that I will never send instead of texting you. After all, who would text someone who clearly doesn’t love them anymore? Someone who chases after other women?
Someone they love desperately with all the broken pieces of their shattered heart.

Yet, you cried.
Your mother phoned after we separated, after I was left while leaving you. She told my mother how you would cry at various times of the day because we didn’t talk anymore, how she tried to console you.
I didn’t understand it back then. Up to this day, I still don’t understand how you could look at me, day after day. You told me that my new dress looked lovely, talking about how you were planning to lose some weight. Like I was just some stranger. Why? Why make smalltalk about mundane banalities? Is that your idea of reconciliation? Is that even what you’re aiming for? I didn’t think so.

Maybe we simply weren’t meant to be. Maybe we were too different. That’s what people tell me, anyways.
“You’re too good for him“, they say. I bet you’ve been told similar things.
But you know what? I still wake up every morning hoping that you’re all right. That you’re safe and sound and that your day is going well. I truly wish you well, but I can’t even tell you that.
Anyways, I have decided to endure the pain of missing you, even though it is more painful than simply demonizing you, twisting and manipulating memories to make you seem like the bad guy. Why? Because I truly believed in us, in our love, in you.
We might become strangers, we might never talk to each other again.
But I will love you in my own, weird way. Until my very last breath. And loving and honouring you includes remembering the bad things, but cherising the good ones.

Even if that means that some days are indeed a little harder than others.


Picture found at: https://aos.iacpublishinglabs.com/question/aq/700px-394px/letter-postmarked_b51de21b45be469c.jpg?domain=cx.aos.ask

 

 

Oblivion

Singing ever so sweetly
In tongues long lost to humankind
She extinguishes
The ravaging flames that consume
All of me

Guiding me
Into her forlorn lands
Wreathed in silvery mist
She teaches me patiently
To hide in plain sight

Silencing
The merciless voices
In my restless mind
She saves my soul from shattering
Into twisted fragments of memories

Feared by most, loved by me
She comes, she comes without warning
To call us home

For she is our origin
And one day
We must return
To our mistress
Oblivion

Der schwarze Schleier

Du stehst hinter einem schwarzen Schleier

Deine Umrisse flüstern geräuschlos
Sie erzählen von längst vergangenen Sehnsüchten der Liebenden, und füllen meine Seele mit Tropfen der Wehmut
Die Zärtlichkeit webt geduldig Bande aus Berührungen, stärker als jeder Stahl
Die Chemie singt knisternd und prickelnd von dem, was noch sein könnte
Und die Zuversicht lädt sich in meinem Inneren auf
Die Stille mahnt zur Geduld und zur Einsicht
Doch dein einst so stolzes Antlitz ist verdeckt
Transzendentes Schwarz scheidet die Welten zwischen uns
Ich kann nicht übertreten, kann nicht zu dir

Denn du bist nicht hinter dem Schleier
Du bist eins mit ihm geworden

Amor vincit omnia

Las mejores historias de amor ni son de personas perfectas ni de amor a
primera vista. El amor verdadero no consiste en cenas románticas con velas
ni en joyas demasiado caras, sino en dos almas gemelas encontrándose en
este mundo caótico, lleno de problemas, conflictos e injusticias. Es de crear
un refugio, un sitio seguro en medio de esta locura que llamamos vida.
Esta historia es la mía. No, es la nuestra, de Laura y mía, y la tengo que contar
antes de que sea tarde, para que siga viva cuando yo haya muerto. Para
que los jóvenes de mañana sepan lo que realmente significa amar a otra
persona.
Cuando nací, estaba claro que iba a trabajar de bedel en el instituto de
Enseñanza Media local, como mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo lo habían
hecho antes. Aunque mis padres deseaban apoyarme para que pudiera
tener una vida mejor, nunca les dije que quería estudiar arquitectura. Era
evidente que no podían permitirse pagarme una carrera universitaria, así que
me contenté con leer libros sobre estática, estilística y diseño, preferiblemente en la biblioteca.
“Por enésima vez: No le pago por leer, le pago por trabajar. Vaya de
inmediato y repare el daño en el aula tres.”, gruñó el director Díaz. Estaba
leyendo el libro con tanta concentración que no me había dado cuenta del
director, así que di un grito ahogado de asombro, me disculpé y salí de la
biblioteca. Aunque había tenido buenas notas en todas las asignaturas en la
escuela, incluso matemáticas, había algo en este libro de estadísticas que no
entendía. Todavía pensando en este problema llamé a la puerta del aula
tres y entré para ver cual era el daño.
“Usted es el bedel, ¿verdad? Soy Laura Villanueva, la nueva profesora de
matemáticas, encantada.”, sonrió una mujer radiante con el pelo y los ojos
morenos. Esto es como conocí a la persona que iba a cambiar para mejor mi vida.
Ella era la única profesora que me saludaba por las mañanas y se despedía
por las tardes, cada día. Para ella no era un bedel invisible sino un ser
humano con propios pensamientos y sentimientos, y me trataba igual que a
los profesores. Aunque sabía que la joven profesora estaba fuera de mi
alcance, no podía evitar cogerle cariño. Un día me encontró en la
biblioteca, absorto en este mismo libro de estadística. Laura se sentó a mi
lado, dispuesta a averiguar lo que estaba haciendo.
“¿Qué es lo que está leyendo?”, susurró riendo y me miró atentamente.
“Nada, no es nada…”, contesté, un poco asustado por su interés y
probablemente también porque su presencia siempre me hacía sentirme un
poco nervioso. Ella quería saberlo de todos modos así que le expliqué que estaba
intentando de entender unos problemas matemáticos. Como ella tenía la
tarde libre, decidió ayudarme con el problema y no sólo logró que
entendiera todo, sino sin saber cómo también le había contado la historia de
mi vida, incluso que siempre había querido estudiar arquitectura. Cuando
había terminado, la miré inciertamente y sus labios se convirtieron en una
larga sonrisa. Me dijo que, ya que no le había pagado por su ayuda, al
menos debería cenar con ella, y mi corazón empezó a palpitar rápidamente.
Hasta el día de hoy no he averiguado lo que ella vio en mi hace todos estos
años, pero estoy seguro de que ella supo que yo nunca hubiera tenido el
valor para citarme con ella.
Poco a poco nos conocimos mejor y pasamos mucho tiempo juntos
hablando y riendo y, sin darme cuenta de lo que estaba pasando, me
enamoré de ella. De su buen humor, su manera cariñosa de tratar a los niños,
sus besos, su optimismo y, sobre todo, su risa tan clara. Era mi inspiración, mi
sol, mi vida. Después de ver mis modelos, Laura estaba convencida de que
yo tenía mucho talento e intentaba muchas veces persuadirme para que
me inscribiera en la universidad. Como no creí en mi mismo y en mi talento,
no le hice caso. Por eso, ella llevó uno de mis modelos y un par de mis textos
a unos profesores en la universidad y consiguió que me aceptaran.
Con la ayuda de Laura y el apoyo de mis padres, que estaban muy
orgullosos de mi decisión, logré terminar mi carrera universitaria con distinción
y fui contratado por un gabinete de arquitectura. Laura y yo nos casamos y,
por un breve momento, fui el hombre más feliz del mundo. Lo tenía todo: la
profesión de mis sueños, una vida buena y la mujer que amaba más que
cualquier cosa en el mundo. Dos años más tarde mi querida Laura,
embarazada con nuestro primer hijo, falleció. Accidente de tráfico. El
conductor iba borracho y el amor de mi vida no tuvo la más remota
posibilidad de sobrevivir. Eso pasó hace 42 años y todavía la echo de menos.
A veces oigo su voz cuando me quedo dormido y huelo su olor en este breve
momento antes de despertarme.
Para conservar la memoria de mi esposa, uso sus colores y símbolos favoritos
en mis obras y estoy seguro de que eso es la razón por la que le gustan a la
gente. Intento incorporar el alma de mi querida Laura y sé que, aunque no
sepan nada de ella, eso conmueve a la gente.
Esta no es la historia de un arquitecto exitoso. Es la historia de un amor más
fuerte que todo, incluso el destino y la muerte. Es la historia de un bedel
invisible y de una mujer valiosa y cariñosa que me convirtió en un hombre
mejor. Es nuestra historia.
Amor vincit omnia.

Loss

They seem to think that intellect shields my heart.
That within me, within this young girl, there lives an old soul, guiding me to be wise beyond my years, to be immune to the sorrows of a broken heart.
But it is a love lost that has shaken me to my core, and it is through the cracks that my true colour shines.

Darling dearest, you know that sometimes, sometimes my corset loosens. Through you, my seemingly mature spirit shifts to become what I, in truth, am. A sixteen-year-old. God, I wish to be sixteen once again. Just to be with you. The one I madly fell in love with.
Because when I am with you, my darling, I let my analytic mind rest. My roaring, tender, and utterly vulnerable heart, however, speaks. It speaks of the truths, memories and desires that slumber deep within me. Of the moment my soul first saw yours. Raw, pure and so hauntingly beautiful.
It tells the story of the fireflies that lit our summer nights, how they danced to illuminate our loving smiles, our secret language to convey confessions of affection. We were inseperable.
Oh my heart, it remembers when our fates intertwined like the roots of old trees. You, the chestnut. I, the willow. We, together, the centrepiece of our sacred garden.
Remember?

Stronger than the storms within us, we followed our timeless love’s guidance. We embarked on a journey to uncertain shores. Careful. Out there be dragons.
But the neverending road was paved with obstacles much greater than the ones we were prepared for and one day, when the steep path had become forbidding and almost impossible to follow,
I looked back,
searching
for my one true love
to realise

I had lost him a long time ago.